Base Bíblica Para La Doctrina de la Trinidad – Parte 4

3. El Nuevo Testamento asocia al Padre, hijo, y Espíritu Santo juntos de tal modo que hace que la desigualdad sea incosecuente.

a) Primero, Jesús enseño que los creyentes deben ser bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mt. 28:19). Ninguno de los tres debe ser excluido.

b) Segundo, todas las tres personas pueden ser blasfemadas, Dios el Padre (Apo. 13:6), Jesús el Hijo (Lc. 22:63-65), y el Espíritu Santo (Mt. 12:31).

c) Tercero, Jesús aseveró que Él, el Padre, y el Espíritu Santo morarían con los creyentes (Jn. 14:16-17, 23).

d) Cuarto, todos los tres están incluidos en la bendición en 2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amen”.

e) Quinto, todos los tres pueden dar vida. Dios el Padre (Jn. 5:21; Hch. 17:24-25), Jesús el Hijo (Jn. 5:21, 6:33, 14:6), y el Espíritu Santo (Jn. 6:63; Rom. 8:2; 2 Co. 3:6).

f) Sexto, todos los tres están asociados con la verdad. Dios el Padre es veraz (Jn. 3:33), y Su palabra es verdad (Jn. 17:17); Jesús es verdad (Jn. 14:6); y el Espíritu es verdad (1 Jn. 5:6) y es llamado “el Espíritu de Verdad” (Jn. 14:17, 15:26, 16:13).

g)        Séptimo, todos los tres son eternos. Dios el Padre es el “Rey de los siglos” (1 Ti. 1:17), y el Espíritu Santo es “el Espíritu eterno” (Heb. 9:14). El Hijo existía con Dios el Padre antes de que todas las cosas tuvieran un principio, y Él hizo toda la obra de la creación (Jn. 1:1-3; Col.1:16-17; Heb. 1:1-2).

h) Octavo, todos los tres son llamados “Señor”. Dios es Padre es llamado Señor por Jesús (Mt. 4:7, 10, 11:25) y otros (Hch. 2:39). Jesús el Hijo es llamado Señor por muchas personas (Mt. 15:22, 16:22), y el Espíritu Santo es llamado Señor por el apóstol Pablo (2 Co. 3:17-18).

i) Noveno, todos los tres son santos. Jesús se dirigió a Dios como “Padre Santo” (Jn. 17:11). El apóstol Pedro declaró que Dios es santo y citó la afirmación de santidad personal de Dios (1 Pe. 1:15-16), y los ángeles en el cielo continuamente le atribuyen santidad a Dios día y noche (Apo. 4:8). El ángel Gabriel atribuyó santidad a Jesús, el Hijo de Dios (Lc. 1:35); los demonios llamaron a Jesús “el Santo de Dios” (Mc. 1:24); y los creyentes le atribuyen santidad a Él (Hch. 4:27, 30). La santidad es atribuida al Espíritu Santo más de noventa veces en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, un ángel (Mt. 1:20) así como Jesús (Lc. 11:13) le llamaron “el Espíritu Santo”.

j) Décimo, todos los tres están asociados con gloria. El apóstol Pablo llamó a Dios “el Padre de gloria” (Ef. 1:17), y las criaturas celestiales dan gloria a Dios cuando está sentado en Su trono (Apo. 4:9) y declaran que Él es digno de recibir gloria (Apo. 4:10-11). El apóstol Pablo llamó a Jesús “el Señor de gloria” (1 Co. 2:8). Jesús habló de la gloria que tenia con el Padre antes de que el mundo existiera (Jn. 17:5). Pedro, Jacobo y Juan vieron la gloria (shekainah) de Dios brillar desde la carne y ropa de Jesús como Él se transfiguró ante ellos (Mt. 17:1-6; Jn. 1:14). El escritor de Hebreos declaró que el Hijo de Dios era el resplandor de la gloria de Dios (Heb. 1:3). El apóstol Pedro llamó al Espíritu Santo el “glorioso Espíritu de Dios” (1 Pe. 4:14).

k) Undécimo, todos los tres están asociados con señales milagrosas. Dios capacitó a Pablo y Bernabé para que realizaran señales milagrosas (Hch. 15:12). El Espíritu Santo capacitó a Pablo para que ejecutara muchas señales milagrosas (Ro. 15:19). Jesús, el Hijo de Dios, realizó muchas señales milagrosas (Jn. 7:31, 20:30-31), y dio a sus apóstoles el poder para hacer lo mismo (Mt. 10:1,8).

4. El Nuevo Testamento no tiene un orden fijo en presentar estas tres personas.- El orden en Mateo 28:19 es el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. El orden en 2 Corintios 13:14 es el Señor Jesucristo, Dios, y el Espíritu Santo. En Efesios 4:4-6, el orden es Espíritu, Señor, y Dios el Padre. El orden en 2 Tesalonicenses 2:13-14 es Dios, el Espíritu, y el Señor Jesucristo. En Judas 20-21, el orden es el Espíritu Santo, Dios, y el Señor Jesucristo.

El hecho de que el Nuevo Testamento no tiene orden fijo en presentar a Dios el Padre, Jesús el Hijo, y el  Espíritu Santo infiere que ellos son iguales uno con otro en naturaleza.

5. El Nuevo Testamento indica que el hijo tiene igual bendición, honor, gloria, y poder con Dios el Padre.

a) Primero, Jesús declaró, “para que todos honren el Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Jn. 5:23).

b) Segundo, el Nuevo Testamento describe a toda la creación dando la misma bendición, honor, gloria, y poder eternos a Dios que se sienta sobre Su trono y al Hijo, el cordero de sacrificio fundamental por los pecados del mundo (Apo. 5:13).

6. El Nuevo Testamento muestra que Jesús el Hijo tiene la misma esencia divina o naturaleza como el Padre.

a) Primero, el Nuevo Testamento enseña que sólo Dios debe ser adorado. Ninguna criatura debe ser adorada (Ro. 1:25-26; Apo. 22:8-9). Sin embargo, Dios el Padre dio mandamiento a todos los ángeles para que adoren a Su Hijo (Heb. 1:6), y Jesús aceptó la adoración de las personas (Mt. 9;18, 14:33).

b) Segundo, Jesús afirmó tener la misma esencia o naturaleza divina que el Padre, cuando declaró, “Yo y mi Padre uno somos” (Jn. 10:30); y dijo, “Hijo de Dios soy” (Jn. 10:36). Sus enemigos reconocieron que estas eran aseveraciones de igualdad con Dios en esencia o naturaleza (Jn. 5:18, 10:33, 36). Un enemigo anterior llegó a reconocer que Él efectivamente posee la naturaleza en toda plenitud (Col. 2:9).

Conclusion:

El Antiguo y Nuevo Testamento claramente enseñan que hay un solo Dios verdadero, pero ellos indican que una trinidad, una pluralidad de tres personas distintas, todas iguales en esencia; existe dentro de Dios. La Escritura revela que el Hijo y el Espíritu son voluntariamente sumisos a la voluntad del Padre (Jn. 5:30, 6:38, 7:16, 8:28-29, 14:16, 26, 16:13; 1 Co. 11:3). Esta sumisión no indica desigualdad de esencia. Es puramente una sumisión funcional. En cualquier unidad de varias personas iguales en esencia, una persona debe ejercer dirección funcional; y las otras personas deben voluntariamente someterse a esa dirección si la unidad ha de funcionar eficazmente.

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